La primera vez les dije que era lo mejor tomar las cosas de la vida con buen humor. Es más, como que lo prometí, pero... esta vez no creo que pueda hacerlo. Y es que de pronto aparece cada cosa... que definitivamente no se puede tomar con humor sino con otros mil otros sentimientos muy diferentes.
Hacen algunos años, me casé con alguien, en contra de la opinión de familiares y amigos. Tuvimos una hija maravillosa, momentos buenos... y de los otros... en fín. Cuando mi niña cumplió los 5 años, a él se le ocurrió dejar el país en busca de mejores oportunidades y se fue, prometiendo llevarnos con él al cabo de 6 meses. Pero pasaron 8, 10, 18... 9 años! durante los cuales no dio acuerdo de su persona y, mucho menos, se ocupó de nosotras. Me las vi color hormiga para poder sacar adelante a mi hija.
Al cabo de ese tiempo, una vez fallecida mi madre, apareció otra vez. Regresó pidiendo perdón y todo ese rollo y yo, pensando en que mi niña necesitaba la figura paterna, lo acepté. Craso error!!. Se quedó un año y medio, durante el cual no hizo absolutamente nada. Al trabajo me refiero, claro. Lo pasamos fatal pero él... con la idea de irse a Canadá porque allá habían más oportunidades, nuestra hija podría tener una mejor educación, etc. Pero... siempre los peros... no había dinero para ese viaje, porque el niño regresó de Venezuela luego de 9 años ...¡Sin un centavo!!.
Tengo que reconocer que fui una tonta de capirote... ¡Le creí! O tal vez, me lo quise creer. Luego de mil charlas, manipulaciones inreíbles, mentiras, etc., hipotecó la casa quehabía heredado de mi madre, tomó TODO el dinero y se fue...y allí quedó todo. No hubo pago ninguno. Es más, a los dos meses, ya vivía con otra mujer y cuando lo llamada para pedirle el dinero porque estábamos al borde del desalojo, me decía que ése no era su problema y viera cómo solucionarlo, porque él no lo iba a hacer... O sea...plop! Estaba medio loca y desesperada.
Demás está decir que del fulano, nunca más se supo. Pero... las noticias llegan por las vías más inesperadas. Me enteré que había ganado un premio de la lotería canadiense y con ése dinero le compró casa a la mujer con la que vivía, autos para él y para ella, computadoras para las hijas de ella ( que no eran suyas, claro ) y... se casó allá con papeles falsificados. Pero para pagar la cuenta de mi casa o los estudios de la hija... nada!.
Como las cosas mal habidas tienen mal final, tuvo que salir de Canadá, mientras la supuesta esposa se quedó con todo. Y no puede volver a Montreal! En buen crsitiano... comió de su propio chocolate!!.
Supe por alquien, que aún anda por ahí embaucando mujeres. Se hace pasar por el santo varón, que educó a su hija en uno de los mejores colegios de acá ( tremenda mentira ), que le dió una carrera ( otra más.... mentira quiero decir ) y demases.
¿No es increíble? Pero ahí no acaba la historia. Me enteré por testigos, que mientras estuvo acá, se lucía por todas partes... con otra!! Otro plop, claro y para colmo, cuando estuve ordenando las cosas que dejó mi madre, me di con la sorpresa de que faltaban algunas antigüedades. La nana me dijo que cuando yo salía para buscar la forma de conseguir dinero para la comida, él se encerraba en el dormitorio a rebuscar en el closet y luego salía con un maletín... O sea, me robaba para vender las cosas y divertirse con la otra.
Una historia para no creer... misma novela mejicana. Pero sí, esas cosas pasan. Y todo ¿por qué? Por creer, por confiar, por pensar que las personas merecen una segunda oportunidad...
En fín, aquí estoy. Sobreviviente de esta historia y de mi misma... agradecida eternamente a Dios que puso en mi camino mucha gente que me ayudó a solucionar tremendo lío, a mantenerme de pie y tener la fuerza para resistir, para seguir adelante, para respirar otra vez, para volver a ver las cosas hermosas de la vida y saber que soy millonaria en amigos de verdad.
Para terminar de cerrar el círculo, sólo falta el divorcio. Luego...agradecer la lección que otra forma tal vez no hubiera aprendido y reconocer hidalgamente que me equivoqué, que los que se opusieron a esa relación tenían toda la razón del mundo.
En este momento, si tuviera que repetir la experiencia, lo haría... Todo lo vivido y lo sufrido en estos años es nada comparado con la hija que tengo: un ser maravilloso que, siendo una niña aún, en mis peores momentos tuvo la entereza que yo no tuve y que supo envolverme en sus brazos y ser mi madre, mientras yo, desesperada, lloraba como una cría.
